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Leyendo en Fulham

El grupo de lectura de literatura latinoamericana y española en West London

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La tia julia y es escribidor

Tal vez no tan circular pero interesante

Tuvimos otra muy buena discusión sobre De noche andamos en círculos de Daniel Alarcón.

Empecemos por las formalidades: primero, un nuevo miembro y muy activo. Bienvenido. Que lea muchos libros. Segundo, hicimos al comenzar una ronda donde cada uno hablo un par de minutos sobre el libro que logro abrir algunas puertas que no eran tan obvias para otros de los presentes (me incluyo obviamente). Tercero, estamos empezando a darle más espacio al que efectivamente leyó  el libro sobre el que no leyó; todo el mundo es bienvenido pero parece razonable dar más espacio al que leyó. Trataremos de seguir, con vaivenes seguramente, esta ruta…

La trama, muy básicamente: un viejo autor de teatro, Henry Núñez, quien fue encarcelado por en un régimen represivo y de censura decide volver a representar la obra que lo llevo a la cárcel en todo el país ahora que la guerra contra el terrorismo ha terminado y se respira un ambiente democrático. Resucita su compañía y juntos a él parten los dos otros actores: su amigo de toda la vida Patalarga y Nelson un joven que lo admira desde que es un niño. En uno de los pueblos Henry se topa con el pasado en forma abrupta: conoce a la familia de quien fue su compañero de celda durante su encierro y de quien se enamoró perdidamente en cautiverio. El amante de Henry, Rogelio, murió calcinado en un incendio en la prisión (provocado por las propias autoridades) pero la madre con alguna enfermedad tipo Alzheimer no lo sabe. A partir de ahí Nelson deberá actuar de Rogelio ante su madre. Para eso Nelson debe dejar su vida en la ciudad donde lo espera una ex novia/amante que está embarazada (yo nunca supe de quien); finalmente la vieja muere de una caída y Nelson es acusado de esa muerte por el hermano de Rogelio (que si sabía sobre su muerte y que es un pesado). Nelson escapa de su encierro en uno de esos pueblos pero se siente perseguido por el hermano. Finalmente termina en la cárcel al ser acusado del asesinato (¿que no cometió?) del novio de la amante.

(Ahora que lo escribo me doy cuenta todo lo que pasa. Por Dios que novelón!!! Casi como que parece una de las historias que contaba Pedro Camacho en La tia julia y el escribidor).

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Gracias a la tía

Gracias a todos por la buenísima sesión que tuvimos el domingo cuando discutimos La tía Julia y el escribidor. Nos divertimos mucho y discutimos cosas muy interesantes.

Si no recuerdo mal, en general, el libro gustó mucho aunque varios coincidieron que es un libro más bien de “entretenimiento”. A mí, personalmente, me parece un libro delicadísimo en donde se mezclan muy bien dos registros narrativos muy distintos (el del propio Varguitas) y el de Pedro Camacho. Por cierto, una aclaración no menor, porque creo que no a todo el mundo le quedó claro: los capítulos impares son los de Varguitas y en los pares se pueden leer los “libretos” tal cual Camacho los escribe.  Además de los registros, la sutileza con que van apareciendo los erros hace que uno mismo como lector dude si no se ha confundido. Y esta sensación de duda está presente hasta que bien avanzado el libro uno va viendo las quejas, primero, de los propios radio oyentes descriptos en la “vida cotidiana” de Varguitas y después las confusiones ya inocultables en los libretos finales que confirman que el confundido no es el lector sino el escritor (Camacho en este caso).

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Sobre las tragedias que nos azotan

Los capítulos pares incluyen los libretos que Pedro Camacho va escribiendo. En ellos, maravillosamente, MVL logra dar con el tono perfecto de estos: populares, dinámicos, precisos y llenos de estereotipos y lugares comunes. Además, están escritos en un lenguaje rocambolesco y al mismo tiempo llano, casi como si fueran caricaturas. Y sobre todo a medida que avanzan las historias van generando una gran expectativa en el lector (u oyente). Generan una atracción que hace imposible dejar de leerlos (o escucharlos) y que uno sólo quiere saber cómo terminaran (por cierto, misión imposible). Al llegar al final uno necesita seguir con ellos porque las respuestas a las preguntas que se dejan en el aire son imprescindibles. Esos finales, tan kitsch que son imposible no disfrutarlos, son un conjunto de preguntas de tenor tan trágico, tan exageradas, que abren tantas posibilidades acerca del futuro que uno quiere saber cómo seguirán. Es una pena que la locura de Camacho nos impidió saber los finales.

Acá abajo dejo partes del último párrafo de algunas de las historias.

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Escribiendo

Con el libro termindo me doy cuenta que la cita de Salvador Elizondo con la que MVL empieza La tía Julia y el escribidor es desopilante y súper atinada.

Escribo. Escribo que escribo. Mentalmente me veo escribir que escribo y también puedo verme ver que escribo. Me recuerdo escribiendo ya y también viéndome que escribía. Y me veo recordando que me veo escribir y me recuerdo viéndome recordar que escribía y escribo viéndome escribir que recuerdo haberme visto escribir que me veía escribir que recordaba haberme visto escribir que escribía y que escribía que escribo que escribía. También puedo imaginarme escribiendo que ya había escrito que me imaginaria escribiendo que había escrito que me imaginaba escribiendo que me veo escribir que escribo.

 

omar rayo 2

 

¿Es verdad o fantasía?

Cuando uno lee los relatos de MVL que podrían ser no fantásticos uno se pregunta si efectivamente son fantásticos porque no puede ser que todo eso haya sido verdad. Y mucho menos todo junto. No se sabe si uno está frente a una realidad edulcorada o ante una fantasía de baja intensidad para que parezca realidad. Esto exactamente lo que pasa con La tía Julia y el escribidor.

Un par de  comentarios para dejar la pelota picando.

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