¿Qué mejor que en Semana Santa que ver una peli de curas? Bueno, yo no sabía que El Club de Pablo Larraín era de curas y mucho menos de ese tipo de curas.

Argumento: cuatro tipos y una mujer viven en un remoto pueblo costero chileno. Durante el día entrenan a un galgo que es una estrella en las carreras que se celebran el fin de semana y les hace ganar mucho dinero. De repente esta hermosa quietud y calma se detiene cuando un cura es enviado a vivir allí y uno descubre que ellos cuatro también son curas y ella es una monja. Ni bien llega el nuevo cura un desconocido se pone a gritar en la puerta de la casa acusando al nuevo cura de pedófilo. Los antiguos habitantes le piden que salga a asustar al desconocido para que se vaya y le dan un revolver. El cura, efectivamente, sale de la casa apunta al desconocido y, sin decir palabra, se vuela la cabeza.

Bueno, eso es solo el inicio.

A partir de ahí las autoridades eclesiásticas envían a la casa a un cura “burocrático” encargado de llevar adelante una investigación de lo sucedido. Es evidente desde el principio que lo único que él desea es cerrar esa casa. De hecho en el último tiempo este nuevo burócrata se ha encargado de ir cerrando estas casas a largo del país. Es evidente que estas casas son lugares en donde la Iglesia deja estacionados a los curas que han tenido “problemas”.  Pero claro: nadie cuenta nada de nada. Nadie quiere contar que es lo que ocurrió el día en que el cura nuevo se suicidó. Ni nada.

Y sigue la trama pero no la voy a contar toda.

Toda la peli esta filmada como si hubiera un manto de niebla. Incluso las escenas del interior de la casa. Buena parte de las escenas de los interrogatorios que son parte de las investigaciones lucen como si hubieran sido filmadas con una cámara casera para usarla como evidencia para un futuro juicio. Los diálogos son muy interesantes. La frialdad, la distancia y la agresividad de los personajes están muy bien logradas. Me parece que la peli en ningún momento se va por senderos que no sepa transitar y que no lleve a ningún lado.

Yo había visto otras dos de Larraín: No (sobre el referéndum a Pinochet) y Post Mortem (sobre, entre otras cosas, la autopsia a Allende). No fue una peli alegre; El Club se parece mucho más a Post Mortem: es oscura, negra, a veces explicita, pero muy pero muy inquietante. Ya como reflexión final, la peli me hizo acordad a Nocturno de Chile de Bolaño en donde un cura moribundo repasa la historia reciente del país. Hay algo muy interesante en como algunos artistas chilenos tratan el vínculo entre Iglesia y sociedad en Chile que, me parece, vale la pena explorar.

Si andan con tiempo, véanla: una buena película.

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